“Soy rebelde, como todo el mundo”

Hace días vi en internet un cómic que me pareció, además de divertido, acertado. Un grupo que vestía camisas idénticas con el lema: “Be yourself” (“Sé tú mismo”). Separado estaba un chico sin camisa, al que todos miraban con desdén y una del grupo le decía: “Non-conformist” (“Inconforme”). Esta es, en mi opinión, la irónica situación de los jóvenes de hoy.En el grupo más numeroso tenemos a los que se llaman a sí mismos modernos, innovadores, “open-minded”. Envían un mensaje de rebeldía en masa: “Rebélate ante lo que te dice la ‘sociedad’, ante las construcciones sociales, ante los prejuicios”. A la mayoría les parece una buena causa y se lanzan a defender robóticamente la rebeldía. No estoy en contra de una revolución; al contrario, me parece algo urgente. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme qué tan “revolucionaria” es esta revolución.

¿Que quieres vivir de tal o cual manera? Adelante. Pero, hoy en día es prácticamente imposible plantearse una opción diferente a la que se considera como “normal”.

A muchos les parece una falta de responsabilidad que una adolescente soltera dé a luz, una falta de caridad que un abuelo esté conectado a una máquina, e incluso una falta de modernidad el ser heterosexual. En nuestra sociedad esos comportamientos “tradicionales” se menosprecian, mientras que se “normalizan” sus opuestos: cambia así el pensamiento de la mayoría. Quizás hace 60 años el rebelde se rebelaba ante una sociedad mayoritariamente cristiana y conservadora. Sin embargo, hoy en día, si alguien piensa que los jóvenes tenemos que rebelarnos porque la sociedad sigue promoviendo los valores de hace 60 años, ignora la realidad.

Sí, la juventud tiene que rebelarse ante lo que dice la sociedad, pero, ¿qué dice la sociedad? Juzgando por lo que se ve en la televisión y en las calles los que debemos rebelarnos ahora somos los jóvenes que queremos llegar vírgenes hasta el matrimonio o los jóvenes que decidimos no salir todos los días hasta las tantas y regresar con una disminuida capacidad de equilibrio. Entiendo que no todos piensen como yo, lo entiendo y lo respeto, lo que no puedo entender es por qué no puedo decirles que se vive mejor así, por qué la palabra “Verdad” ha perdido su realidad liberadora y en el momento en que se menciona parece que roba libertad.

Es muy fácil ponerse una camiseta que diga “Sé tú mismo” y ser exactamente como el resto. Lo que es verdaderamente difícil es tener que “quitarte la camiseta” y decir que eres diferente, vivir diferente y que te digan “inconforme”, por ser quien tú quieres ser. Todos los que intentamos hacerlo sabemos que vale la pena; lo que pasa es que se ha perdido el sentido de la palabra “rebeldía”. Rebelde es quien se opone a lo que hace la mayoría, no quien se llama a sí mismo rebelde, independientemente de lo que promuevan unos o otros. No se trata de rebelarse por rebelarse, sino de luchar por algo que, después de pensarlo, te parece que vale la pena.

Es cierto, la rebeldía incomoda, la verdad incomoda y quienes se atreven, en primer lugar a pensar y luego a decir lo que piensan, son a menudo rechazados. ¿Raros? Depende de si se considera que es normal y bueno lo que hace todo el mundo o si se considera que lo mejor que puedes hacer es ser tú mismo y plantearte la vida con seriedad. ¿Diferentes? Eso sí. Siempre que sea necesario.

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