Un pensamiento profundo.

“Quizá nuestras viejas heridas nos enseñen algo. Nos recuerdan dónde hemos estado, y qué hemos superado. Nos enseñan lecciones sobre qué evitar en el futuro. Eso es lo que nos gusta pensar. Pero así no es como es, ¿verdad? Algunas cosas tenemos que aprenderlas una, otra, y otra vez.”

Me he dado cuenta de que muchas veces la verdadera razón del desánimo y de la desesperación es que vemos los errores, las caídas y el sufrimiento con una especie de “optimismo” equivocado. “Si supero esto, todo será mejor”, “Si esta vez me engañaron, no me volveré a dejar”, “Si aguanto este sufrimiento, nunca volveré a sufrir”. Pero esto no es real y cuando nos damos cuenta, nos hundimos. Puede ser que si superamos este o aquel momento difícil, el sufrimiento termine. Pero también puede ser que no.

A veces el dolor y el sufrimiento se alarga más de lo que pensamos que debería y es difícil de comprender porque pensamos que ya hemos aprendido todo. Pero quizá falta más por aprender. Quizá tenemos que volver a equivocarnos, quizá tienen que volver a lastimarnos de la misma manera, porque todavía no hemos aprendido todo lo que podíamos aprender de esta situación. La vida está hecha a la medida, cada uno vive lo suyo y sufre lo suyo. Cada quien vive, precisamente, su vida. Por eso, aunque muchas veces pensemos que ya estamos hartos de caer siempre en lo mismo o de que tal o cual problema no termine nunca, tenemos que pensar: “quizás aún no lo he aprendido todo de esto”.

“Algunas cosas tenemos que aprenderlas una, otra y otra vez”. Sí. Algunos errores nos enseñarán qué evitar en el futuro, pero otros solo nos darán pistas sobre dónde volveremos a caer, porque somos así, y algunas cosas nos costarán toda la vida. Y a eso le llamamos lucha. Porque la lucha no se hace siempre contra un enemigo nuevo, porque las batallas más duras se libran en nuestro interior y por lo general el enemigo es siempre el mismo: yo.

A veces dicen, como un poco decepcionados, que el hombre es el único animal que se tropieza más de una vez con la misma piedra. Es verdad, nos tropezamos con la misma piedra muchas veces, pero también es verdad que somos el único animal que puede aprender algo nuevo de cada tropiezo. Incluso cuando es con la misma piedra.

Marina: Gracias por el pensamiento ;).

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6 comments

  1. En el interior de cada uno se encuentra el campo de batalla entre el bien y el mal. Y ahí dentro, en el corazón, cada uno decide, en muchos momentos, si le da la victoria a uno o a otro… Esa es la lucha.

  2. si seguimos cayendo con la misma piedra…tarde o temprano hay q PARAR a recogerla…es necesario reflexionar acerca de los errores para no volverlos a cometer y…sí…hay lucha…larga lucha, con amor 🙂

  3. De acuerdo con que hay que pararse a pensar. Es básico. Muchas veces (y quizás la mayoría) pensamos poco y nos dejamos llevar. Es como si diera pereza. La vida se hace más cómoda, porque reconocer los errores es comprometerse, comprometerse a vivir con un mínimo de conciencia y responsabilidad sobre lo que hacemos. Pero, es más, en vez de pensar qué estoy haciendo, hay que pensar cuál es mi ideal, a qué respondo. Así, cada caída, cada contrariedad, si no se puede evitar, se sufre pero a la vez, como con espíritu de atleta, la Meta da fuerza para recomenzar; levantarse y continuar da una alegría íntima porque no me motiva vencer siempre sino vencer la batalla final: alcanzar la meta.

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