Para saber hablar, hay que saber callar

A veces pensamos que compartir es llenar el tiempo de conversaciones, juegos, palabras y preguntas. Pareciera que tuviéramos miedo de estar, sin más, solo estar. Que nos atemoriza la idea de mirarnos a los ojos y buscar comunicarnos de otra manera, que si estamos en silencio con otra persona, esta podrá escuchar nuestros pensamientos. A lo mejor es así. A lo mejor cuando estás con otra persona en silencio, escuchas sus pensamientos, su alma. Es en parte culpa del siglo en el que hemos nacido, donde tenemos tantas opciones y actividades, que siempre que estamos con alguien estamos haciendo cosas. Para algunas como yo, que tenemos la suerte de vivir con ochenta personas, esto parece que se vuelve incluso peor. Nos vemos por los pasillos y no podemos evitar atacarnos a preguntas: ¿Qué tal el día? ¿Han ido bien las clases? ¿Cómo estas? ¿Estás cansada? Te veo mala cara, ¿qué tienes? Y menos mal que lo hacemos, porque si no querría decir que seríamos unas extrañas viviendo juntas. Sin embargo, a veces me da la sensación de que no soportaríamos estar la una con la otra si no fuera así.

Entre los trabajos en grupo, la música, pintarse las uñas y hablar, parece que solo estamos juntas cuando tenemos algo que hacer o necesitamos algo. Y está bien estar solo. Y también está bien hacer cosas juntas. Pero también está bien estar con otras. Solo estar. Disfrutar de la compañía de otra persona sin necesidad de hablar, sin necesidad de que me estén explicando lo de la clase pasada, sin necesidad de repetir una y otra vez los mismos temas vacíos sobre la próxima fiesta o el plan del fin de semana. “Somos súper amigas porque pasamos mucho tiempo juntas, y tenemos un montón de cosas en común, y cuando estamos juntas nos reímos un montón”. Pff. No sé por qué creo que todas estas cosas tienen poca relevancia para la verdadera amistad. ¿Es realmente tan importante la cantidad de tiempo que pasas con alguien para saber qué tan amigas son? ¿O es que acaso la confianza se basa en las horas de conversación? Me preocupa ver a algunas chicas que se ven en la necesidad de contar todo lo que les pasa durante el día, primero con la errónea impresión de que así van a conocerse de verdad, y segundo con la idea de que solo así pueden hacerse más amigas, que solo si saben el color de calcetines, la comida del almuerzo y el pijama preferido de la otra van a poder tenerse más “confianza”.

Y sin embargo, tengo amigas con las que solo intercambio un email de vez en cuando y les confiaría mi vida. La confianza no viene de conocer todas y cada una de las prendas en su armario. Creería que la confianza nace cuando alguien que, incluso sin quererlo, sin haber dicho nada, ha demostrado que sabe quererte porque sí, por ser tú. Aunque no hablen cada tres segundos por el BlackBerry ni se escuchen grititos agudos cada vez que se encuentran inesperadamente. Sencillamente dos personas que saben quererse por lo que son se encuentran por la vida y valoran ese encuentro. Aunque solo sea un encuentro. Aunque no puedan volver a verse nunca más.

Tampoco pienso que amigas de verdad solo hayan dos o tres, que pedir más es engañarse. Depende. Es verdad que una sola bastaría y si tienes una amiga de verdad ya tienes mucho. Sin embargo, creo que es posible mantener una amistad verdadera con muchas personas, una amistad que se base en un interés sincero por el bien de la otra persona, que aunque no sea mucho el tiempo  que puedan compartir, el poco tiempo que tengan, o las pocas palabras que puedan cruzar, sean valiosas. Un buen consejo, unas palabras de ánimo, un abrazo, o como decía antes, simplemente, saber estar.

No hay por qué saber qué le pasa a una amiga cuando está triste, no es una obligación de la amistad contar absolutamente todo lo que nos pasa. Es obligación de una amiga saber aceptar lo que el otro nos dé , si quiere hablar aconsejarle o animarle, pero en cualquier caso escucharle y agradecer el regalo de que se abra con nosotros. Pero si no quiere hablar, a lo mejor porque ni él mismo sabe con certeza qué le pasa, o si no puede contarlo o no quiere, hay que saber estar, saber acompañar. Sin tener que obligarse a destruir ese momento con palabras que poco van a ayudar. Es difícil aprender a tener una buena conversación con alguien. Pero es aún más difícil aprender a compartir un buen silencio, que no es inútil, o sí lo es, pero que muchas veces está más lleno que miles de palabras lanzadas al aire por azar. Para saber hablar, hay que saber callar. 

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3 comments

  1. 100 puntos! Más que comprobado! Tengo una amiga a la que con suerte veo un par de veces al año y le confiaría mi vida, sólo ha hecho falta estar y a veces sin todo el tiempo que quisieramos para hablar…

  2. Buscaba como saber decir las cosas, un buen articulo para empezar la mañana.

    Es difícil empezar a solo decir palabras que aporten algo constructivo a una conversación o una situación. Nos cuesta callar, no dejamos nada a la imaginación de los demás y si estamos constantemente dejando una impresión dudosa.

    Es cierto lo que dices, cuando estas rodeado de tantas personas, es complicados tener momentos de silencio, es un acto de sincronía donde siempre hay alguien captando la atención de todos. Lo cual desgasta sobre todo cuanto tienes que ser productivo, es complicado cuando hay tantas distracciones, y cuesta decir a las personas que no es un buen momento para hablar por hablar.

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