Belleza: Verdad, misterio y emoción

Antonio López es un buen artista.  Es franco, sencillo, transparente. Apenas se atreve a decir nada frente a un montón de universitarios que esperan ansiosos para escucharle. Habla poco, pero cuando lo hace se nota que dice la verdad, que la emoción es sincera. No lo dice todo, porque no hay que decirlo todo, sino solo lo suficiente para hacernos comprender y que nos unamos a la búsqueda. Porque él sabe que la búsqueda de la belleza no se hace en solitario, porque el mundo es de todos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

“A mí me gusta la vida como es, como se me ofrece”. No porque López piense que el mundo está bien como está, sino porque es lo que hay y se vea desde donde se vea, desde lo que está bien como está o desde donde hay que arrancar hasta la raíz, contiene la pura belleza de la realidad. Este mundo nuestro no es perfecto, pero es nuestro y está lleno de realidades, de cosas que son como son, aunque busquemos cambiarlas para hacerlas aún más bellas. Pero ya de por sí son bellas, porque son transparentes y se nos muestran como son.

¿Incluso el hambre? Incluso el hambre. Y la pobreza, y el sufrimiento y el dolor. Pero no porque la desnutrición sea hermosa, sino porque lo más real del hambre es la madre que se olvida de comer para alimentar a sus hijos. No el dolor de barriga, que eso es secundario y a ella le importa muy poco, sino el estar dispuesta a todo por amor a sus niños. Y en la pobreza lo más real es la desnudez del alma humana, que no tiene nada material a lo que aferrarse y entonces se aferra a los otros y a Dios. Y no hace falta más que acercarse a un caserío en medio de las montañas de Tecpán y preguntar a alguien, que no tiene ni lo mínimo, cómo se encuentra, para sorprendernos con una respuesta que al más insensible llena de emoción: “Aquí estamos, saliendo adelante gracias a Dios, pero lo más importante es que todos bien y que tenemos a la familia”. Mis respetos, señora, porque si en medio de esa pobreza usted puede darse cuenta de qué es lo que realmente importa, a lo mejor es que a mí me sobran cosas. Lo que quiero decir es que lo más real de la pobreza no es la falta de cosas, sino que en la pobreza lo más real son los pobres. Y como personas que son, a pesar de que su vida esté embargada por la carencia y el dolor, pueden ofrecer un pozo infinito de belleza del alma. Así que sí: en la pobreza también hay belleza.

En fin, que el mundo es hermoso. Se vea desde donde se vea. Y, descendiendo a un nivel más cercano, la belleza está en nuestra realidad y probablemente es a eso a lo que López quiere hacer referencia en sus cuadros. La vida con las vulgaridades del día a día. Nuestra vida como es. No como quisiéramos que fuera, sino sencillamente como es.

Y por ello se dice que Antonio López pinta el paso del tiempo. Sus cuadros nunca estarán terminados, ya que pinta las cosas en su realidad material y cambiante. Por ello siempre pueden ser mejorados, pero no porque antes fueran menos reales, sino porque en la medida que el tiempo pasa por el mundo, las cosas cambian. Una grieta más, un color más desteñido, un retoño a punto de abrirse. Sin embargo, a pesar de que las cosas cambien y de que la Gran Vía en veinte años tenga poco que ver con el momento en que López la pintó, la inmortalizó. Porque fue real y la realidad tiene algo de imperecedero. Aunque todo cambiase y no quedara rastro del Madrid actual, siempre quedará una chispa de eternidad, de saber que aquello, aunque ya no lo sea ni vuelva a serlo nunca, en algún momento fue real y por lo tanto quedará escrito así en el libro de la humanidad. El tiempo y el olvido no conseguirán borrar que haya pasado lo que pasó, que las cosas hayan sido como fueron. Y eso me deslumbra. Y creo que a él también.

Por último, quizá lo más impactante para el artista debe ser que cuando se pone en contacto sensorial con lo que ve, oye y toca, cuando capta la esencia de las cosas y de los acontecimientos, se capta también a sí mismo. Se reconoce en sus obras y se conoce. Y también ahí ve realidad y verdad y misterio y emoción. Se observa como ser humano,  y eso es más real que las frutas, las calles y los refrigeradores. Se ve a sí mismo como persona humana, capaz de captar la belleza y el horror. También dentro de sí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s