Agotarse por los demás

        Da miedo, mucho miedo verse de repente en un momento de la historia como este. El Papa renuncia. Benedicto XVI declara que ya no tiene fuerzas para llevar el ministerio de Pedro. Y fuera del Vaticano se escuchan palabras de pánico, de tristeza, de satisfacción, pero también de fe y de esperanza. Muchos lo ven como un triunfo, como si el mundo hubiese vencido al Papa, como si esto fuese el resultado de tantos años de duras críticas y de pedirle su renuncia. Pero no tienen ni idea porque no saben que el Papa se había rendido hace muchísimos años, que este Papa hacía mucho que no hacía lo que le daba la gana, que este Papa ya tenía tiempo de dejar que Otro tomara las decisiones. Y una vez más nos vuelve a sorprender con un acto nos tira los prejuicios por el suelo y nos recuerda qué es lo importante.

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          500 años son mucho tiempo y a veces parece que son todo el tiempo, pero no es así porque para Dios no hay tiempo y siempre es tiempo para Dios.  Nos acostumbramos a pensar que solo existe una forma de hacer la voluntad de Dios, que Dios solo podría pedirle al Papa que se quedase, que fuese como su Predecesor. Pero no es así. A cada uno Dios le pide algo, aunque a los demás pueda parecernos incomprensible. Benedicto XVI entendió que no se trataba de comprender sino de ser fiel. Que a veces la lógica de Dios no es la lógica de los hombres y que es Él quien sabe más. Fue un Papa por el que gritamos hasta quedarnos sin voz que éramos suyos, aún lo somos, somos la juventud del Papa. Un Papa que soportó burlas y críticas por nosotros, que aguantó calores, lluvias y truenos por sus jóvenes. Un Papa que nos enseñó a no conformarnos con nada menos que con Cristo. Estoy segura de que el Papa no ignora cuánto le queremos y cuánto nos cuesta aceptar su decisión. Estoy segura de que el Papa sabe que querríamos tenerle con nosotros más tiempo, que para muchos ha marcado momentos claves en nuestra vida y que le debemos demasiado como para dejarlo ir sin una lágrima. Lo sabe, es consciente. Sin embargo, también es consciente de que Él está ahí por Alguien más y que incluso cuando las decisiones que hay que tomar son duras, no hay otra respuesta que la confianza y el abandono. Pero de lo que estoy segura es que no fue una decisión fácil. El Papa no ha huido en la tormenta, ha resistido las más duras tempestades y ahora, en el momento de la calma, se retira delicadamente. Si eso no es valentía no sé lo que será. Y por eso creo que el Papa ha comprendido mejor que nadie dejarse la vida por Dios  y por los demás vale la penaGracias por esta última lección, no la olvidaremos.

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3 comments

  1. ¡Precioso! Qué pasión para escribir sobre nuestro amado Padre Benedicto. Se nota que le ama. Gracias por compartirlo con el mundo. El mundo lo necesita.

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