errores

Escribir directamente en la propia vida

Hoy, por primera vez, voy a escribir directamente en el blog, sin documento de word como intermediario. Sinceramente, me da un poco de miedo. Da un poco de miedo porque es como un acercamiento al final, hay menos fases sobre las que puedo regresar y corregir, es como escribir directamente en la vida. Pero al final de cuentas, la vida es así, sin intermediarios, sin borradores. Escribimos directamente en nuestras vidas, por eso no podemos borrar, por mucho que quisiéramos. Podemos tachar, incluso podemos darle a editar al post y corregirlo, sin embargo, una vez ya ha sido publicado, cabe la posibilidad de que alguien ya lo haya visto y entonces es imposible volver atrás. Lo mejor entonces es reconducir el post, no intentar borrar lo que ya ha sido publicado, lo que ya hemos hecho, sino pedir perdón cuando sea necesario e intentar replantear lo que hemos escrito y corregirlo, pero públicamente. No basta con darnos cuenta del error, sino que hay que corregirlo en el papel, o en este caso, en el blog. En la vida es lo mismo. Una vez hemos hecho algo, es como si lo hubiéramos publicado, la acción ya está finalizada. En nuestra mente podemos replantearlo, repensarlo y decidirnos o arrepentirnos, no pasa nada, todo sigue en nuestra mente. Pero una vez llevamos a cabo alguna de esas decisiones, una vez le damos a “publish post”, no nos queda más que aceptarlo y si nos equivocamos, sacar de eso lo mejor.

Dicho así parece muy fácil: sacar lo mejor de los errores. Pero hay algunas veces en la vida en los que no estamos seguros. No sabemos si hemos cometido un error. No digo cosas malas, simple y sencillamente un error, algo que puede que para nosotros, para mí en estas circunstancias concretas, no sea lo mejor. Y eso es mucho más difícil, porque como no es nada que sea categóricamente malo sino que es algo malo para mí, que podría parecer que por ser subjetivo da mucho más igual qué haga o qué no haga, en la vida nos damos cuenta de que no es así. La mayoría de las veces tampoco lo sabremos. Dudaremos. Pasará el tiempo y seguiremos preguntándonos si debimos haberlo hecho, si debimos habernos lanzado. Puede que alguna vez lo sepamos, o puede que no. Pero sea como sea, tenemos que vivir con nuestras decisiones, incluso con aquellas de las que no estamos completamente seguros. Para ser felices, tenemos que lograr conciliarnos con nosotros mismos. Y la única manera es si comprendemos que hay muchos caminos para llegar al mismo lugar. Que podemos alejarnos más o menos, pero que más adelante en el camino podemos tomar un atajo y reencontrarnos al final. No vamos a mentir. Nos equivocamos y tomamos decisiones incorrectas. Sin embargo (y menos mal) así como podemos hacer las cosas muy mal, también podemos hacerlas muy bien. Y aunque esa decisión errónea nos haya alejado un poco del sendero, las buenas decisiones, las buenas acciones y las buenas intenciones, nos devuelven con rapidez al camino seguro: el camino que nos lleva a donde todos queremos llegar.

                                Image

Carta a Theo

Un pensamiento profundo.

“Quizá nuestras viejas heridas nos enseñen algo. Nos recuerdan dónde hemos estado, y qué hemos superado. Nos enseñan lecciones sobre qué evitar en el futuro. Eso es lo que nos gusta pensar. Pero así no es como es, ¿verdad? Algunas cosas tenemos que aprenderlas una, otra, y otra vez.”

Me he dado cuenta de que muchas veces la verdadera razón del desánimo y de la desesperación es que vemos los errores, las caídas y el sufrimiento con una especie de “optimismo” equivocado. “Si supero esto, todo será mejor”, “Si esta vez me engañaron, no me volveré a dejar”, “Si aguanto este sufrimiento, nunca volveré a sufrir”. Pero esto no es real y cuando nos damos cuenta, nos hundimos. Puede ser que si superamos este o aquel momento difícil, el sufrimiento termine. Pero también puede ser que no.

A veces el dolor y el sufrimiento se alarga más de lo que pensamos que debería y es difícil de comprender porque pensamos que ya hemos aprendido todo. Pero quizá falta más por aprender. Quizá tenemos que volver a equivocarnos, quizá tienen que volver a lastimarnos de la misma manera, porque todavía no hemos aprendido todo lo que podíamos aprender de esta situación. La vida está hecha a la medida, cada uno vive lo suyo y sufre lo suyo. Cada quien vive, precisamente, su vida. Por eso, aunque muchas veces pensemos que ya estamos hartos de caer siempre en lo mismo o de que tal o cual problema no termine nunca, tenemos que pensar: “quizás aún no lo he aprendido todo de esto”.

“Algunas cosas tenemos que aprenderlas una, otra y otra vez”. Sí. Algunos errores nos enseñarán qué evitar en el futuro, pero otros solo nos darán pistas sobre dónde volveremos a caer, porque somos así, y algunas cosas nos costarán toda la vida. Y a eso le llamamos lucha. Porque la lucha no se hace siempre contra un enemigo nuevo, porque las batallas más duras se libran en nuestro interior y por lo general el enemigo es siempre el mismo: yo.

A veces dicen, como un poco decepcionados, que el hombre es el único animal que se tropieza más de una vez con la misma piedra. Es verdad, nos tropezamos con la misma piedra muchas veces, pero también es verdad que somos el único animal que puede aprender algo nuevo de cada tropiezo. Incluso cuando es con la misma piedra.

Marina: Gracias por el pensamiento ;).