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Los hombres de principios

Viniendo de un país tercermundista donde la política es una broma y la frustración es el sentimiento ciudadano más común, paso mucho de mi tiempo pensando en qué es lo que buscamos en un candidato político. Respecto al reciente debate sobre el aborto en España muchos españoles que concedieron su voto a Rajoy se sienten traicionados porque el Presidente está dispuesto a cambiar su posición frente a un asunto por conseguir atraer más votos. “No es un hombre de principios”, dicen algunos, y yo me pregunto: ¿Qué principios? ¿Los míos? ¿Cuáles son mis principios? ¿Es que acaso vivo de acuerdo a una selección de máximas que me dictan cómo actuar frente a todas las circunstancias? ¿Tengo claros cuáles son esos principios que se supone busco en un candidato?

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La verdad es que la respuesta a la mayoría de estas preguntas es no. No busco alguien que sepa de antemano cómo actuar frente a cualquier situación que se le presente, no busco alguien que tenga las respuestas antes de que se le plantee la pregunta. Y pienso que eso es parte de lo que genera frustración en los votantes de hoy en día: queremos un candidato que se aferre estrictamente a su programa de gobierno, y sin embargo no tomamos en cuenta que eso no daría paso a una verdadera deliberación y discusión sobre los asuntos que se presentan. Un programa es una guía, pero que debe comprenderse como limitada ante la siempre sorpresiva realidad de la vida social y política.

Entonces, ¿qué es lo que quiero en mis representantes en la vida pública? Me parece que lo que busco es tan sencillo y a la vez tan complicado como alguien que actúe como actúa porque cree que es lo correcto, porque lo ha pensado y considera que tiene razones suficientes para comportarse del modo en que lo hace. En pocas palabras, alguien con honestidad consigo mismo. En el caso de Rajoy el problema es que conseguir más votos no parece ser una buena razón para actuar del modo en que lo hizo, y por eso nos molesta.

A eso me parece que nos referimos cuando exigimos hombres “de principios” en la política. No se trata tanto de fallar a una promesa electoral como de fallarse a su propia coherencia. Por mi parte, yo no voto a alguien para que represente públicamente todo lo que yo quiero, como si fuera una especie de máquina altavoz que necesariamente debe actuar y decir como yo lo haría. No, yo aspiro a votar por alguien que piense por sí mismo y que cuando actúe lo haga por razones rectas, porque cree que es lo mejor hacerlo así. Alguien que de razón de sus acciones y sea capaz de explicarlo. Por eso, a Rajoy no le recrimino la decisión sino las razones por las que tomó la decisión. Es verdad que tampoco estoy de acuerdo con la decisión pero la sensación de engaño proviene de la falta de coherencia del político como persona, no confío en él como persona que actúa por razones válidas y que beneficien a alguien más que a él, y por tanto no puedo confiar en él como persona que tome las decisiones para gobernar el país. Me parece que a esto nos referimos cuando exigimos una persona de “principios”: no alguien que tenga estos o aquellos principios morales, sino alguien que es capaz de poner sus propios principios por encima de su beneficio inmediato.

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